Domingo, otra vez


La lluvia golpeando sobre los cristales es mi despertador, he vuelto a quedarme dormido en el sofá. Debe de ser tarde, pero creo que hoy es domingo, no hay nada que hacer, un nuevo y a la vez repetido domingo más. Si por pestañear pasamos dos años de nuestra vida con los ojos cerrados, ¿Cuántos años habré perdido, por culpa de los domingos, al final de mi vida?
Todavía huele a palomitas de microondas, ayer hice tres paquetes, cientos de palomitas. Muchas de las cuales están ahora desperdigadas por el sofá como soldados que no llegaron a su objetivo, soldados que fracasaron. ¿Hubieran preferido fracasar en algo más sencillo como no llegar a ser palomita y seguir siendo ese grano de maíz que esta ahora en el fondo del bol? ¿Cuánto mayores son nuestras ambiciones, mayores son los fracasos? ¿Existe una escala para medir el nivel del fracaso?
Me levanto, y voy recordando la noche anterior. Llegue a casa con mucha gente una vez más. Muchos tipos de persona, y muchas de las cuales ni conocía, resultado: una fiesta brutal, alcohol, música, chicas, y ese dragón verde volando de nuevo por el techo, casi tan falso como el resto de “amigos” que tengo.
Busco algo que hacer, pero recuerdo que es domingo, me vuelvo a tumbar en el sofá y me duermo.

Acerca de Álvaro Martín

Con arte, al fin del mundo

Publicado el 23/10/2008 en Relatos y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Aver para cuando la siguiente entrada!
    😉

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