Abrázame

A O. W:

Suenan las campanas a lo lejos. Las doce de la noche. Frío en Paris, noche despejada. La ciudad completamente cubierta por un intenso manto blanco.  Nadie en las calles, todo es oscuridad en las ventanas, salvo en una pequeña y humilde buhardilla en la que una joven escribe a la luz de una vela. La joven está enferma, huyendo del frío con tan solo una manta alrededor de su delicado cuerpo. En sus rodillas acurrucado, un pequeño felino de color ceniza. El silencio reina en la habitación mientras ella, entre toses, se dedica a escribir.

-¿Quién eres tú?- dice la chica asustada mirando hacia la ventana, ahora abierta, por donde él ha entrado.

-¿No me conoces?- dice  el extraño

-No.

-Soy todo lo que necesitas, todo lo que eras y todo lo que siempre quisiste ser.

La joven chica se inquieta, y siente miedo. No sabe qué hacer. Y finalmente se decide a seguir hablando con el extraño. No por curiosidad, si no por esperanza.

-¿Y qué haces aquí?- pregunta

-He venido a salvarte.

-¿A salvarme? ¿Por qué?- dice temblando.

-Porque sé que es lo que has estado deseando todo este tiempo, sé que es lo único que has querido siempre.

-No es posible salvarme ya-se pone muy triste- es demasiado tarde, estoy vacía y completamente sola. Ya nadie puede hacer nada por mí. Él es mi único amigo-dice acariciando al pequeño mínimo.

El hombre avanza hacia ella, y se queda mirándola. Y gracias a la luz de la vela ahora puede ella verle la cara. No es como se lo había imaginado. Ante ella un rostro joven, lleno de inocencia como el de un niño, pero a la vez de experiencia como el más antiguo de los ancianos. Rubio y despeinado cabello, pálidas mejillas redondeadas y ojos azules que la iluminan el corazón cuando habla.

-Cree en mí- ahora él le toca la mano con la que sostiene la pluma, la chica la deja caer. Jamás se había estremecido tanto, se siente caliente de nuevo, llena de vida y a la vez de miedo.

-¿Puedo confiar en ti?- Es todo lo que sus labios pueden pronunciar.

Y ahora él la toma la mano y la  levanta del pequeño taburete, ante la sorpresa del pequeño gato que rápidamente se espabila y quedándose al margen, contempla la escena. El chico se acerca a ella, y la habla con dulzura.

-Sí, puedes confiar en mí.

La chica está muy nerviosa, apenas puede hablar.

-¿De verdad?

Si, nunca voy a dejarte de lado, estaré siempre contigo, dice él. Abrázame es lo último que dice ella. Y ambos quedan envueltos en un profundo abrazo, lleno de calor y frío, de luz y de oscuridad, de amor y miedo, pero sobretodo de sinceridad.

El gélido reloj de la plaza daba la una cuando la muerte se marchó. Creando de nuevo con su ausencia, un completo y esclarecedor silencio en la pequeña buhardilla. En la vieja cama la joven, sonrisa en boca, duerme plácidamente para siempre. Junto a la ventana, el pequeño gato mira el cielo con curiosidad, mientras lo poco que queda de vela, la luz, es devorada por el tiempo.


Acerca de Álvaro Martín

Con arte, al fin del mundo

Publicado el 28/08/2011 en Relatos y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. alexandernst

    Que bonito! No se como lo haces, pero tus historias siempre me emocionan.

    Sigue asi!

  2. Gracias Alex, me gusta que te guste, ¡un saludo!

  3. estas historias me chiflan. París es idóneo.

  4. Lo es!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s