Inolvidable noche para olvidar

Entre alcohol y gritos de júbilo comienza a sonar la música.  El joven cantautor tiene buen sentido del ritmo y una buena banda detrás.  Todo el pueblo comienza a bailar las alegres y a la vez melancólicas melodías que va entonando. Los chicos jóvenes que aún no van muy borrachos eligen a las pocas chicas guapas que quedan disponibles para bailar. Yo doy el último trago a mi cerveza y te miro al otro lado de la barra. Lo que más me ha jodido siempre no es que las chicas guapas estén pilladas por chicos completamente inútiles, sino que además de guapas sean inteligentes.

La música es cada vez más rápida, el joven cantautor pone cada vez más corazón, desgarra su voz y hace temblar todo el escenario,  lo que importa no es lo qué dice, sino cómo lo dice.  Fred se me acerca con su, a estas horas, roja  y arrugada nariz. Deja de pensar en ella, me dice. No es tan fácil le digo. Se llama Dylan dice.  Miro perplejo. El cantautor, repite, un tal Dylan.

Sinceramente, eso poco me importa. Doy un nuevo trago a la botella y recuerdo que está vacía. Hago una seña al camarero pero parece que está tan ebrio que no recuerda cuál es su papel en la noche de hoy. Te miro de nuevo. Estás a punto de besarle creo. Suspiro. Si por tan solo un ligero momento me permitieras mostrarte todo lo que soy, cautivarte, mostrarte mi ser… si tan solo  me dieras un pequeño instante de tu presente, podría darte todo mi futuro, mi vida. Como si no supieras lo que estoy pensando, estoy seguro de que no lo sabes ni lo sabrás, vas a bailar con él. Cuánto idiota con suerte triunfando  en el mundo y cuánto brillante perdedor al borde del abismo. ¿Problema de carácter? ¿Problema de apariencia? ¿Problema de no saber decir si?

Sinceramente no puedo conseguir ser lo que quiero ser para ser contigo. No sé cuál es el problema de que todo se tuerza por naturaleza. Quizás algún día el dilema de la inmortalidad del momento llegue a su fin y consiga besar tus labios. O quizás no. Ese tal Dylan sigue tocando y yo abandono el viejo establo de madera. Pienso que puede que sea mejor hacer como que esto no ha ocurrido nunca. Inventar el futuro a partir de mañana sin tener en cuenta cada instante pasado. Olvidar tu sonrisa, tus ojos y tus labios. Olvidarlos para siempre. Para siempre hasta que te vuelva a ver.

Acerca de Álvaro Martín

Con arte, al fin del mundo

Publicado el 30/04/2012 en Relatos y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s